Cuando un deportista realiza un esfuerzo en régimen constante (por ejemplo, corre, pedalea o nada a intensidad uniforme), la energía utilizada por sus músculos deriva toda de la combinación del oxígeno con los azúcares o también con las grasas.

El mecanismo de producción de la energía que está en la base de estas combinaciones, oxígeno más azúcares, o también oxígeno más grasas, se llama “aeróbico”.
El oxígeno es el ingrediente vital que permite transformar el alimento en una fuente de energía utilizada por el músculo y es imposible sin su empleo desarrollar ejercicio físico por prolongados periodos de tiempo.

El sistema aeróbico participa como fuente energética de forma predominante alrededor de los 2 minutos de ejercicio, siendo la vía energética de mayor rentabilidad y con productos finales que no producen fatiga. Es la vía metabólica más importante en ejercicios de larga duración, como es el caso de carreras de larga duración, en las que se destacan; la maratón, el ultra fondo y las carreras ciclistas donde predominan las vueltas con varias etapas o incluso una.

Una limitación muy importante dentro de estas pruebas, es la que se refiere a los sustratos energéticos, es decir, a la capacidad de almacenamiento y utilización del glucógeno muscular y hepático, y a la capacidad de metabolizar grasas y en último extremo proteínas.

El entrenamiento de un fondista se basará en cuatro etapas principales, a tener muy en cuenta:

  • Entrenamiento de la resistencia aeróbica, construcción de la base aeróbica, para ello utilizaremos el Método Continuo Extensivo: Se rueda a velocidad lenta y baja frecuencia cardiaca durante tiempo prolongado.
  • Entrenamiento de la fuerza general y especifica, para permitir que nuestras piernas nos impulsen con más potencia transfiriéndose en vatios de potencia sobre la bici y frecuencias de zancada eficiente dentro de la carrera a pié.
  • Entrenamiento de la velocidad a través de sistemas de entrenamientos interválicos extensivos e intensivos.
  • Ingesta de Maltodrextinas y bebidas isotónicas específicas empleadas en momentos temporales de la preparación y en la prueba en sí. Con el objetivo de crear un correcto equilibrio en el gasto energético y recuperador después de la misma.